¿Quién nos cuenta la ciencia? El rol de los divulgadores científicos en una pandemia

 

"Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir" escribió la periodista estadounidense Joan Didion, en su libro El álbum blanco (1979).

Cuando una pandemia tiene coletazos como los que está causando y causará COVID-19 a nivel social, económico y de salud, y cuando el comportamiento del virus es tan nuevo e impredecible, los seres humanos necesitamos construir como personas, como sociedades y como humanidad un relato sobre lo que sucede que nos deje dormir.

El periodismo y la comunidad científica son dos universos con reglas propias pero, a veces, esas reglas parecen no ser compatibles y se generan cortocircuitos.

¿Quién acerca entonces estos dos mundos en un momento de crisis para que las personas podamos entender?, ¿quién nos puede contar cómo mirar lo que está pasando con ojos científicos en medio de una pandemia que hizo tambalear a la economía a nivel mundial y ya lleva más de un millón de personas contagiadas y 67.594 muertos según el último informe de la Organización Mundial de la Salud?

"¿Quién nos debe contar la ciencia?" Es una pregunta histórica y la respuesta se debate entre si debe ser alguien que venga del mundo científico o de la comunicación.

​Para el biólogo argentino, Diego Golombek, es justamente allí, en el intermedio entre las dos, donde se produce un fenómeno de comunicación, un divulgador científico es alguien que cuenta la ciencia, no las noticias de la ciencia, sino la cultura que viene de mirar el mundo con ojos científicos.

Golombek es biólogo, pero en sus comienzos se dedicaba a la comunicación, en un momento sus dos mundos se juntaron mediante el periodismo científico y luego con la divulgación.

"Hay ciertos roces entre la ciencia y la prensa: para el científico, el periodista es aquél que tergiversa lo que uno dice, porque no se entiende el rol del periodista", señala Golombek.

Por el contrario, el periodista es aquel que considera "al científico como aburrido, como el que abre la boca y salen ladrillos, y cualquier uso de metáfora o analogía va a ser mal visto por parte de la comunidad científica", señala el investigador.

Sin embargo, el biólogo argentino considera que hay muchos ejemplos en los que este desencuentro se está pudiendo resolver.

La historia de Leo Lagos es a la inversa, estudió comunicación, pero siempre fue un entusiasta de la ciencia, realizó programas de televisión sobre divulgación científica y encontró allí algo que disfrutaba, hoy es el editor de la sección Ciencia del periódico uruguayo La Diaria.
Noticias falsas, ansiedad y narrativa

Golombek considera que, en el contexto de la expansión de COVID-19, además de aflorar noticias y cuestiones relacionadas con ciencia y fuentes más o menos fidedignas acerca del virus, están multiplicándose las fuentes falsas, pseudocientíficas, engañadoras.

"Tenemos que hacer un poco de cátedra para poder evaluar las fuentes que están contando cosas para ver de dónde salen, cuál es la investigación, cuáles son los controles, si hay evidencia racional detrás de esto", dijo el divulgador argentino que además sostiene que "en la comunicación de la ciencia no hay dos campanas, la campana es la de la evidencia, la de la investigación".

"Si uno hace un repaso por los medios de América Latina, conviven explicaciones basadas en evidencia, serias, con un espacio brindado a la pseudociencia absoluta, al engaño y esto me parece inaceptable y hasta creo que deberíamos tener medidas legales a propósito de que en una pandemia, la opinión de un horóscopo, no solamente es inválida, sino que directamente debiera ser algo reñido con la legalidad", señaló investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) argentino.

Para Lagos, la desinformación en este caso no es tan intencional, debido a que sostiene que la mayor parte de los rumores son temores ciertos de personas que creen que aunque la información que envían no sea del todo confiable, lo hacen pensando que pueden ayudar a otro.

El periodista uruguayo, considera que el ser humano no está hecho para vivir en la incertidumbre, porque todos buscamos ciertas certezas, y que con la pandemia de COVID-19 enrollando al mundo, las personas que envían información "disparatada" por Whatsapp lo hacen pensando que, quizás, así, están contribuyendo en algo.

"Es gente tratando de darle sentido a algo, hay mucho grado de incertidumbre (...) Descubrir cómo se propaga un virus no le dice nada a la persona que está ansiosa en su casa porque no sabe qué va a comer mañana; la ciencia es solo un aspecto de esto y debería contribuir a tomar las mejores decisiones políticas basadas en ciencia, pero hoy creo que nuestro principal problema además del epidemiológico es social, económico y psicológico", señaló el divulgador uruguayo.

Fuente: mundo.sputniknews.com

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